Maldito lumbago

Lumbago, seguro que os suena.

Mi cuerpo después de varios días aún sigue pidiendo reposo. Mi casa necesita un meneo y el frigorífico una reposición de víveres.  Ya hace algún tiempo que el último yogur pasó a mejor vida.

El lumbago ha mejorado lo justo para ser capaz de ponerme en pie con cierta soltura y ausencia de “Ays” varios que acompañen mis pasos.

Durante estos días mi cabeza y mis lumbares han tenido que hacer un extra para hacer una noche de trabajo en el hospital. Había que ir (causas asociadas a un nuevo contrato). Durante el día y durante la noche mi cerebro se había encargado de mandar órdenes a mi cuerpo para mitigar el dolor y no faltar a la obligación.

Hoy que han pasado 24 horas desde que mi jornada laboral terminó siento que mi espalda tiene una sensación de odio hacia mi persona. Lo sé. El esfuerzo y los excesos  realizados me está pasando factura en forma de latigazos constantes.

Es impresionante el poder de la mente.

Cómo nos hacemos fuertes frente a determinadas circunstancias a las que tenemos que plantar cara y como una vez ejecutadas, el cerebro se relaja volviendo al cuerpo el dolor, como un enemigo que sin permiso se instala de nuevo en la rutina.

No quiero maldecir mi torpeza al caminar. Ni blasfemar cada vez que un latigazo me pega en la espalda.  Ni jurar en vano después de que llevo varios días sin salir de casa y sin pasar la fregona por el baño. ¿para qué?

Se ha instalado en mi rutina el dolor, la manta eléctrica, los pasos al estilo chiquito de la calzada, el voltarén, las respiraciones de yoga y el omeoprazol.

Pero yo sigo aquí. Contenta de mi retiro forzado pues me está sirviendo para  dedicar más tiempo a leer libros atrasados y redacciones de inglés inacabadas. Ventajas de pasar tiempo sentada y tumbada.

Maldito lumbago.

Dije que no te maldeciría. Pero me has inhabilitado de cintura para abajo. Afortunadamente has dejado mis manos libres para escribir  versos nuevos y leer con soltura las lecturas que se almacenan en un rincón de la estantería.

Si el diazepan me lo permite porque su presencia me nubla la vista. Cumplir años es poder llegar a tener una edad “babú”.

Esto implica, es cierto, tener una serie de carencias físicas sin embargo los años dan la capacidad de dar un nuevo sentido a las paradas forzosas que la vida te da.

Las enfermedades son oportunidades para darnos cuenta, entre otras cosas, de lo maravillosa que es la bendita rutina. Aprovecharlas y gestionarlas de forma positiva es un bien que hay que aprovechar. La verdad, no nos queda otra.

Los contratiempos, los problemas siempre estarán ahí.

Saberlos gestionar es lo único que tenemos en nuestras manos para que nos afecten lo menos posible en nuestra carácter.

Escrito por Àsun Moreno Fidalgo

Asun Moreno Fidalgo

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