‘amor50’

Gloria es Babú y muy fan de la Loren

“¿Tú también eres Baby Boomer?”

Esta es tu sección. Puedes contarnos cómo te sientes después de los 50. Qué te gusta, como te va la vida; tus aficiones. Nos encantaría hacerte visible, ponerte cara y que digas: “Soy Babú”, con orgullo y una gran sonrisa.

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Escrito por Gloria M.

Me llamo Gloria tengo 60 años y vivo en Madrid.

En mi familia, pertenezco a la primera generación de madrileños. Es decir yo no soy gata.

¡Qué popurrí tengo! Mis abuelos eran de Lugo, Salamanca, Toledo y Valladolid, todos ellos de pueblecitos muy pequeños, tan pequeños que en el caso de Cervillego de la Cruz en Valladolid, además de la Iglesia quedan ya solo varias casas.

¿Mis padres?, pues de Cáceres y Barcelona. Os cuento, mis abuelos eran asalariados en Renfe y cambiaban de destino, de tal manera que los hijos nacían en el lugar que estuviesen destinados.

Por eso me considero mundial, procedo de todos los sitios.

Hace 60 años la vida era de otra forma. Mi padre no quería chicas, quería chicos, no creo que por nada en particular, sino simplemente porque le gustaban más los chicos. Seguramente hoy, no opinaría lo mismo.

Durante mi época escolar fui una persona muy muy feliz. Realmente es la única etapa de la vida en la que no tienes que asumir responsabilidades. Además, lejos estaba entonces de pensar las dificultades que ser mujer acarreaba tanto en la vida personal como laboral.

Mi madre, que sí que había sufrido estos inconvenientes, nos achuchó mucho a mi hermana y a mí, para que estudiásemos, nos incorporásemos al mercado laboral y fuésemos siempre económicamente independientes.

En aquellos tiempos, mi máxima afición era leer y el cine. Sigo siendo una auténtica cinéfila y una devoradora de libros.

La afición al cine me la inculcó mi abuela. Como entonces los cines eran de sesión continua, entraba a las tres y salía a las nueve. Podía haberme dedicado a la interpretación, recitaba mejor algunas películas que las protagonistas. Era tan ingenua que me fasciné con Sissi, me creí aquella historia de amor, me encantaba la belleza de Romy Schneider, así también la describían en los libros que en aquella edad me regalaron.

Años más tarde, descubrí que fácil es engañarnos y manipularnos; y fui capaz de comprenderla tragedia que experimentaron en sus vidas ambos personajes.

He leído todos los libros que he encontrado de Sissi y cuanto más leo de ella, más me intriga su personaje.

Mi padre era un hombre recto, quizá el hecho de haber perdido a su padre con 10 años, le curtió a ese sentido de la responsabilidad que nunca le abandonó.

En casa los horarios eran estrictos, a pesar de tener un buen comportamiento e incluso estar trabajando, tenías la hora marcada. En aquellas ocasiones en las que tenías que llegar a casa a horas intempestivas y tenías que solicitar ese famoso permiso ¡que angustia!. Tenías que dar todo tipo de explicaciones, a donde ibas, con quien ibas, etc.

Con 17 años comenzó mi etapa universitaria y; a los 18 años empecé a compaginar universidad y vida laboral. Esto fue en contra de la opinión de mis padres, que pretendían que estudiase únicamente, pero yo me sentía mal viendo los sacrificios que ellos hacían por sacar su familia adelante.

No disfrutaban de nada, todo el sueldo de mi padre se iba en la casa, comida e hijos y eso que mi madre de un duro hacía cinco pesetas. Recorría todos los mercados y supermercados escogiendo las ofertas, logrando llegar a fin de mes como una jabata, sin ningún tipo de ayuda, porque nosotros tampoco se la prestábamos.

Ninguno de los dos se podía permitir el lujo de caer enfermos. Eran imprescindibles y nadie se daba cuenta de ellos.

Audrey Hepburn en Roma en 1960
Audrey Hepburn, 1960 en Roma con su yorkie “Famous” . Foto: gtresonline

También empecé a trabajar porque me fascinaba la ropa. En el cine cuando veía a Audrey Hepburn, para mí un icono de la elegancia, soñaba con poder vestir así algún día. ¿Qué pensáis de Sofia Loren?, si le sentaba bien hasta un simple vestido camisero y ¿Qué os parece Eleanor Parker? , me fascinó en la película “Cuando ruge la marabunta”.

Entendía que se podía ser como ellas, claro ejemplo de femineidad y a la vez aspirar a puestos importantes en la vida laboral. 

Nunca estuve muy de acuerdo con los movimientos feministas, creo que a veces iban en contra de nuestros propios intereses. Trasladaban al ámbito de la mujer, lo que tanto habíamos criticado nosotras en el ámbito del hombre.

A los 26 años emprendí otro recorrido. Me casé y, unos años más tarde, vinieron los hijos.

Ahora tenía que trabajar fuera y dentro de casa, porque a no ser que encuentres a una persona que entienda que las funciones de la casa no son patrimonio de la mujer y que su función es ser uno más; te encuentras que la casa y los hijos forman parte de tu territorio  y en este sentido además, la actitud de las mujeres que te rodean, es más machista que la de los propios hombre.

Recuerdo a mi suegra, que no trabajaba, pero tenía una persona que le ayudaba en casa y 2 hijos únicamente; pensaba que todo lo tenía que hacer la mujer, claro… ¡cómo eran las nueras!. En cambio ella a sus hijos, cuando vivían en su casa, bien que les obligaba a participar en las labores domésticas.

Pero esta discriminación no solo la teníamos en nuestra vida personal, sino que también la teníamos en nuestra vida profesional.

¡Qué difícil era conseguir un ascenso para una mujer! Y dependiendo del sector en el que estuvieses desempeñando tu trabajo, la dificultad se acrecentaba.

Escuché comentarios como: “¡Claro cómo tiene que tener hijos!” “¡Faltará mucho más que un hombre!”. Tópicos que no describían una situación real. Los hombres tenían que realizar el servicio militar, pero eso era un Servicio a la Patria. ¿Pero tener hijos? Que mayor servicio a la Patria que tenerlos, que mentes más retorcidas.

Tuve la enorme suerte de encontrar en mi camino un gran Jefe que me situó en un puesto entonces vetado a las mujeres y recuerdo perfectamente su frase: “Piensa que tengo que colocarte en una oficina complicada y tendrás que demostrar que vales, porque si te llevase a ese mismo puesto en una oficina sin problemas, a pesar de que lo hicieras bien, nunca valorarían tu trabajo “

Nunca le agradeceré lo suficiente sus consejos y el cariño enorme que sentía hacia las mujeres. Cuando nos veía superembarazadas siempre comentaba que no sabía cómo podíamos resistirlo.

Actualmente en cambio, es mejor  calentar el sillón y cuanta más tarde te vas de tu trabajo, mejor visto estás.

¿No será al contrario? Si tienes que permanecer más horas en tu trabajo, ¿no será que no estás capacitado? ¿No será que tu rentabilidad es mucho menor? ¿O podría ser que no tengas vida personal o no te apetezca volver a tu hogar?

En otros países, si continuas en el trabajo fuera de la hora establecida, el primer día pasa, pero al tercero si no tienes explicación, no les interesas y me parece perfecto.

Bueno pues a pesar de todo lo dicho, tengo que deciros, que es mucho más difícil conciliar la vida laboral y personal ahora que hace 40 años. Os puede parecer mentira pero es así. Hemos retrocedido en las condiciones laborales un montón.

Vuelvo al presente. ¿Tengo añoranza de mi pasado? En absoluto, siempre vivo el presente, porque si vivimos el pasado, no disfrutamos del presente y no tendremos futuro.

Ahora con 60 años y libre de ataduras, rodeada de gente joven por todos los lados, continuo con las mismas inquietudes o más que en el pasado.

Continúo con mis libros porque pretendo estar al día laboralmente hablando. A esta edad y con la experiencia que se tiene, si estás al día, eres una auténtica bomba de relojería.

Continúa mi pasión por la moda, disfruto arreglándome. La ropa nos ayuda a rejuvenecer.  Ahora leo y releo todos los artículos de moda que publica Babumagazine y por supuesto los culturales. ¡De cuantas cosas me he enterado a través de ellos¡.

Voy a continuar peleando por la igualdad, transmitiéndolo mediante la palabra, inculcando a nuestros jóvenes que todos debemos ir en una dirección y un mismo sentido.

En definitiva estoy viva y muy viva y ¡Soy Babú¡

Y sueño que juntos alcanzaremos esa meta, que durante tiempo, diría siglos, hemos estado esperando  las mujeres.

¡Vivan los baby boomer¡

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