Formen filas

Escrito por Ásun Moreno Fidalgo

Si eres hombre y tienes alrededor o más de 50 años seguro que conoces el término: “Llamar a filas”

¿Pero qué era exactamente?

Una vez cumplida la mayoría de edad a los varones españoles se les convocaba para que se incorporaran a realizar de manera obligatoria y durante una año prácticas en el ejército.

El objetivo era aprender las técnicas armamentistas necesarias para que en caso de conflicto bélico pudiéramos defendernos del enemigo.

Hasta hace algo más de una década, el servicio militar o lo que se conocía como “la mili” era para  los hombres una de las etapas en la vida de la que no se podían escapar.

Reunirte en familia o entre amigos y tener que escuchar lo que supuso esta época era algo inexcusable.

Para nuestros padres esa etapa duraba cerca de casi dos años y fue vivida como algo maravilloso. Se hacían amigos para toda la vida, te mostraban otras realidades, otros lugares, otras gentes……. que en esa época difícilmente podrían darse.

Eran también años de pobreza y un hijo en estas circunstancias era un gasto añadido que había que solventar y al que tu entorno no se planteaba objetar.

Para librarse se hacían todo tipo de artimañas alegando sobretodo problemas de salud.

El exceso de cupo era otro de los chollos que te podía tocar. Había más jóvenes que el ejército podía acoger y la solución pasaba por librar de un plumazo el sobrante.

¡Afortunado si te tocaba!

Mi pareja una vez cumplidos los 18 años fue llamado a ejercer este compromiso con el ejército y con la patria. En su caso, la incorporación se podía haber pospuesto alegando en esos momentos la realización de estudios universitarios. Pero decidió directamente y sin vacilación ejercer su derecho a la Objeción de Conciencia.

Este término de desobediencia civil consistía en mostrar tu oposición a la incorporación a filas por razones éticas o religiosas. Durante los años 80, época de grandes cambios a nivel social en nuestro país tuvo su mayor incidencia.

Tocaba  entonces romper con todo lo establecido aunque no supiéramos hacia donde nos dirigíamos. La negación de esta práctica supuso al estado un problema que tardó años en resolver.

Varias leyes gubernamentales planteaban la prestación social sustitutoria como alternativa al servicio militar. Desde el MOC (movimiento de objeción de conciencia) el acuerdo no era   aceptar una cosa por la otra sino por algo más radical: la desaparición del ejército y la práctica de la no violencia para solucionar conflictos.

Pasados los años una nueva ley dejaba libre a los jóvenes de la  incorporación al ejercito pasando así a tener a tener personal militar profesionalizado.

Mi pareja, como tantos otros jóvenes se benefició del  limbo legal en el que se encontraba. Una amnistía general a un gran número de objetores les dejó libres de responsabilidades.

Hoy cuando ya de esto ha pasado mucho tiempo se recuerda como una anécdota. Pero tuvo a nivel social mucha trascendencia.

La objeción de conciencia y la negación de cualquier práctica alternativa de servicios sociales era en aquella época penalizada gravemente. En más de una ocasión algunos compañeros del movimiento social de objetores de conciencia dieron con sus huesos en la cárcel.

No nos gustaban las armas ni nos siguen gustando como forma para solucionar ningún conflicto.

Era entonces la juventud tachada de fantasiosa y de descerebrada. Pero gracias a movimientos como el de la objeción de conciencia se consiguió, aunque el ejército no desapareciera, estuviera formado por hombres y mujeres que se alistaran de forma voluntaria.

Y me voy a permitir decirlo: no entiendo como todavía existe. A lo mejor sigo siendo demasiado idealista.

Rompan filas!!!!

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