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Angel ahora disfruta de sus paseos: “Es Babú”

“¿Tú también eres Baby Boomer?”Esta es tu sección. Puedes contarnos cómo te sientes después de los 50. Qué te gusta, como te va la vida; tus aficiones. Nos encantaría hacerte visible, ponerte cara y que digas: “Soy Babú”, con orgullo y una gran sonrisa. Escríbenos a [email protected]

Escrito por Angel G.

Me llamo Ángel y nací exactamente hace 59 años en un pequeño barrio a las afueras de Madrid. Al nacer me dijeron que estaba un poco esmirriado, pero yo, honestamente, no me acuerdo de nada. Al año siguiente, vino mi hermano, pero de eso tampoco me acuerdo, poco a poco fui creciendo y recuerdo que los domingos mi padre, mi hermano y yo solíamos ir al campo de fútbol a ver al Real Madrid.También jugaba al fútbol con mi hermano y amigos en medio del campo.

Hace 50 años y, de eso sí me acuerdo, Madrid no tenía la mitad de edificaciones que tiene ahora y asomaba más verde por las afueras. También daba paseos por la montaña, exactamente por la Sierra de Guadarrama, mi padre compró una casa y junto con mi madre, subíamos siempre que podíamos con mi familia.

Con el paso del tiempo me empezaron a gustar otros deportes, como el tenis y el esquí, mucha idea de esquiar no tenía, pero yo me tiraba ladera abajo con los palos, esquíes y demás. ¡Menudas tortas me pegaba! 

Jugaba al tenis, con amigos. Parecía un deporte fácil, yo era un hombre atlético; alto y que hacía ejercicio con regularidad, estaba delgado y se me daba bien aquello, alguna vez me dolían los riñones. Mi mujer, que por aquel entonces era mi novia, me dijo que por qué no jugaba con mi cuñado y mi suegro, el dúo dinamita.

¿Os podéis creer que tengo una mujer que no le gusta nada el ejercicio físico? Yo sí me lo creo y lo garantizo, ella me dijo que me gustaría mucho jugar con ellos. Mi suegro por aquel entonces tenía 55 años, pero solo en el pelo, que era más blanco que la nieve de las montañas.

Era tan alto como yo y más atlético, decía que andaba todos los días 12 km. Más tarde comprobé que no eran 12 los kilómetros que andaba si no alguno más. Cuando vi a mi cuñado me crujieron algunas vértebras al tener que mirar para arriba, parecía un gigante de esos de la mitología, él decía que no llegaba a dos metros, la gente a su alrededor pensaba lo contrario. Yo directamente no pensaba.

Jugué con ellos pensando que eran todo pose pero no, no se cansaban, el de pelo blanco llegaba a todas las bolas, el de pelo negro también, yo intenté llegar a todas, pero mis riñones no llegaron ni a la primera. ¡Qué dolor de espalda! Va el gracioso de mi suegro y dice que por qué no andar para calmar el dolor de espalda. Acabé con más dolor de espalda y ampollas en las plantas de los pies ¡12 km!. Yo, que estudiaba aparejadores en aquel momento. En el Sistema Métrico Internacional no eran 12 kilómetros lo que habíamos andado.

Y luego dicen que el deporte es bueno. Seguí haciendo deporte, pero alejado de aquellos dos, con mucho cariño, descerebrados.

Tuve dos hijos, muy majos pero muy pelmas con el tema del sueño, el pequeño en especial que solo se dormía a las 06 de la mañana si le sacabas a pasear, honestamente creo que se reía de mí. Así me salían ampollas como con mi suegro ¡Qué familia! Luego tenía que ir a trabajar, dolor de riñones, dolor de pies…

Mis hijos también hacían deporte; yo iba con ellos, eran muy graciosos, yo quería sentarme y ellos lo contrario. Les regalé una videoconsola y funcionó. Parecían más calmados pero luego volvían a querer a salir. Aprendimos a patinar y yo a caerme, dolor de rodillas, cadera, riñones y encima me estaba poniendo como un tonel. Eso sí en los patines cogía una velocidad cuesta abajo que ni en moto me pillaban, menos mal que tenían frenos, si no, ahora mismo no lo cuento.

Llegué a los 40 y me dolía todo, pasé de hacer ejercicio con mis queridos hijos, cuñado y suegro y me dediqué a pasear tranquilamente. Creo que este deporte es para mí. También deje de fumar, mi estómago aumentó de perímetro. Y los dolores volvieron a aparecer. Reconozco que soy de los que le gusta verse un poco relleno y pasé de la dieta; seguí comiendo pan con todo. Riquísimo el pan.

Me diagnosticaron Osteopenia, ¡caramba!, una diminución de la densidad ósea, tenía sobrepeso y encima mi esqueleto era más débil. ¡Y yo cayéndome de los patines, esquíes y retorciendo mi columna jugando al tenis!

Llegué a los 50 y decidí hacer todo lo que no había hecho antes. Me puse a dieta, bueno realmente suprimí la cantidad de mi querida, deliciosa y crujiente masa de harina horneada, empecé a comer más fruta y verdura, menos carne. Una vez me comí un kilo de carne (¡a eso no me gana nadie!).

Sigo andando para mejorar mis huesos y, aunque todavía me sobran kilos, estoy mejor. Ahora quiero jubilarme y volver a dar paseos por la montaña pero no tirarme ladera abajo; disfrutando con tranquilidad.

Gracias a BabúMagazine por dejar que cuente mi historia. Gracias por pensar en nosotros, por permitirnos decir bien alto ¡Soy Baby Boomer, SOY BABÚ¡.

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