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Esteban, 55 años, BabyBoomer, un día dijo: ¿Y por qué no?

“¿Tú también eres Baby Boomer?”

Esta es tu sección. Puedes contarnos cómo te sientes después de los 50. Qué te gusta, como te va la vida; tus aficiones. Nos encantaría hacerte visible, ponerte cara y que digas: “Soy Babú”, con orgullo y una gran sonrisa.

Escríbenos a redaccion@babumagazine.com

Escrito por Esteban M.

Hola a todos los Babús (creo que es así como se dice), os voy a contar mi historia y cómo nos tenemos que dar más oportunidades.

Me llamo Esteban, tengo 55 años soy alto y delgado y, honestamente, como poco. 1,92 y no alcanzo los 88 kilos. Siempre he hecho deporte pero nunca o casi nunca he hecho pesas. Me parecía algo imposible para mí. Suponía que la gente nace con el cuerpo así y poco o nada puedes hacer por mejorar, es decir, puedes ponerte gordo como un tonel o quedarte como un espárrago, pero no aumentar el tamaño de brazos y mantener a raya la tripa.

Como os he dicho me apuntaba al gimnasio y hacía máquinas aeróbicas, también hacia alguna máquina de musculación pero nunca solía coger pesas; si lo hacía, era muy poco peso porque yo no me atrevía, ni podía coger tanto peso como hacía la gente en los gimnasios.

Un día me empezó a doler la rodilla  y el médico me dijo que tenía que fortalecer el cuádriceps para sujetar la rodilla. Me sentí perdido porque sabía que tenía que ir a la sala de musculación que tan poco me gustaba a mí; más tarde descubrí que realmente no es que no me gustase, es que no se me daba bien y por eso no me gustaba.

Me dijeron que por qué no empezaba con un entrenador personal y, honestamente, no me fiaba de ninguno, eran todos muy fuertes y me decían que con poco esfuerzo uno se podía poner fuerte, yo no entendía nada. Según sus teorías, en un mes iba a ver cambios pero yo no me fiaba porque, como ya os he dicho antes, creo que esa gente nace muy preparada para estar fuerte.

Hablando con mi padre, me recordó un vecino suyo que yo conocía desde que él era pequeño; a lo largo de los 10 últimos años vi como ese chico se ponía fuerte, poco a poco,  él me decía que todos podíamos, que no había milagros pero con trabajo constante y esfuerzo todo se consigue, me decía que lo importante era el fin y no los cambios en tamaño muscular, que era por salud.

Evidentemente le propuse que me entrenase, ¿y por qué no?; de éste me fiaba, había visto su evolución en los últimos años y no me prometía nada milagroso, solo tenacidad y esfuerzo.

Empezamos a entrenar dos días por semana, también se vinieron mis hijos, que son dos armarios (no sé a quién salen). Empezamos a hacer pesas, ellos podían levantar más peso que yo, a ellos se les marcaban las venas, a mí no, a ellos les crecía el brazo, a mí no. De hecho había días que yo no podía seguirles y me frustraba conmigo mismo.

Pedro se llama mi entrenador y él nunca abandonaba, me decía que iba bien (¿Qué me iba a decir?) pero pasaron algunos meses y a mí no se me hinchaba nada, bueno la vena de la frente sí, pero nada más. 

Me recordó que me olvidase del resto, que me concentrase en lo que yo hacía y que ejecutase bien los ejercicios y que notase bien los músculos, me recomendó comer un poquito más de pescado por un rollo de esos de las proteínas; siempre me animaba.

Un día me miró y se empezó a reír, yo pensaba que me daba por perdido, pero no, me preguntó que si sabía cómo se llamaba la vena que iba desde mi hombro a mi mano y atravesaba mi brazo. Yo no tenía ni idea (cefálica me dijo más tarde) pero ya tenía vena. Yo no sé si movía mucho o poco peso, sólo sé que empezaba a ver cambios.

Un mes después la camiseta me estaba un pelín más ajustada, yo estaba contento, veía resultados, lentos pero no me había mentido. Ese día me dijo que por qué no me fijaba en el peso y número de repeticiones que hacíamos yo y mis hijos; resultó que hacíamos lo mismo.

No tengo el brazo de mis hijos, pero voy mejor; la rodilla, que fue por lo que empecé ya no me duele y me he dado cuenta de que levantar pesas es divertido si sabes cómo hacerlo. Me he dado cuenta de que muchas veces no hacemos las cosas porque no nos atrevemos o no sabemos en quién confiar; en mi caso, reconozco que fue muy fácil elegir en quién hacerlo.

Pedro me recordó que nada se consigue sin esfuerzo, que las promesas imposibles nos las creemos nosotros y que somos suficientemente inteligentes como para contrastar lo que dicen con la realidad que hay. Me dice que por qué no empezar a hacer algo nuevo (él siempre me habla de cosas del cerebro y trabajar nuevas áreas).

Un idioma, aprender a dibujar, a escribir, matemáticas, cualquier cosa, pero no te fijes tiempos, ni te compares con nadie, evita la frustración y no te limites como hacía yo. Muchas veces no es que no nos guste una cosa, es que no la entendemos bien y nos genera frustración no entenderla.

Por cierto, ya peso 2 kilos más. Así que, en vez de auto limitaros, valorar vuestras posibilidades que son muchas, y nunca dejéis de hacer nada por mal que os salga, porque en algún momento corregiréis y acertareis.

Un saludo a todos.

Esteban

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