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Película “Los 50 son los nuevos 30”, entrevista a Valérie Lemercier

Los 50 son los nuevos 30, otra comedia francesa graciosa dirigida por Valérie Lemercier, figura del humor en Francia. La película se estrena ahora en España.

La historia:


El marido de Marie-Francine la encuentra demasiado vieja y en el trabajo es un estorbo. A sus 50 años se ve obligada a volver a casa de sus padres, que siguen empeñados en tratarla como a una niña. Dadas las circunstancias, no le queda otra opción que aceptar un trabajo en una tienda de cigarrillos electrónicos.

Allí conocerá a Miguel, que está pasando por la misma situación que ella y no se atreve a decírselo, pero los problemas no han hecho más que empezar…

Entrevista con Valérie Lemercier

Se podría decir que Los 50 son los nuevos 30 es tu quinta película como realizadora, pero tu primera comedia romántica. ¿Te parece acertado?

Personalmente, a mí no me gustan las comedias románticas, pero cuando acabé la película, pensé: “Sí, es una comedia romántica”, lo que no estaba tan claro cuando escribimos el guión. Solo cuando la acabamos me di cuenta de que lo era. Y sí, ¡no tengo la menor duda! Pero es una comedia romántica sin gorra. Porque no sé si te has fijado, pero lo cierto es que los protagonistas de las comedias románticas siempre llevan gorra. Hay que reconocer que los protagonistas de esas películas suelen ser, en general, lo bastante guapos como para llevar una gorra sin parecer ridículos.

Sabemos que observas mucho a la gente para crear tus personajes. ¿Los 50 son los nuevos 30 trata de alguien que conociste?

Tengo una amiga llamada Marie-Francine pero no se parece en nada al personaje de la película, salvo que creció en el distrito XVI de París y que tiene una hermana gemela. ¡Pero se llama Marie-Joëlle, y no Marie-Noëlle! De hecho, su nombre es lo que me parecía más divertido. Y hace cinco o seis años me contó que su asistenta vietnamita que vive en el mismo edificio acababa de tener un bebé y le había puesto… Marie- Francine. Me estuve riendo 5 minutos. Así fue como surgió este nombre tan pasado de moda. Yo me fijo mucho en el significado de los nombres en los libros, en Internet, tanto para los espectáculos como para las películas, para saber en qué época los pone la gente, cuántos hay… Y descubrí que hay 14 Marie-Francine en Francia… ¡y dos de ellas viven en el mismo edificio!

¿De dónde viene la idea del choque entre generaciones cuando Marie-Francine tiene que regresar a la fuerza a la infancia al verse obligada a vivir con sus padres?

De hecho, quería hablar sobre una pareja de “cincuentones”. Quería que vivieran un amor tardío, pero al que, en aras de la comedia, había que poner palos en las ruedas. ¿Qué se puede hacer a los 50 años cuando no sabemos dónde ir para vivir un amor que está naciendo? En un momento de la película van de café en café, pero los van cerrando uno tras otro. Al final se encuentran con un par de turistas que les ofrecen hacer un cuarteto, ¡a pesar de que ni siquiera se han besado todavía! Los comienzos de una pareja siempre son divertidos. Todos miramos el pasaporte o el permiso de conducir del otro; son pequeños momentos de torpeza, mini-mentiras, como la escena con el limón en la que no se atreve a hablar de su situación, en la que miente sobre su nombre o dice que sus padres nunca están allí… Se esconden como adolescentes. Me pareció divertido que ambos hayan tropezado en la vida y que se encuentren en situaciones personales similares, a pesar de que sus padres sean muy diferentes. Lo tienen todo en contra: sus entornos, sus horarios, sus trabajos. Es su fracaso personal lo que les une.

 

El motor de la película son las vueltas que da la vida. Todo puede cambiar en un momento, para mal o para bien. En la película, la felicidad está literalmente a la vuelta de la esquina.

Exactamente. No quería detenerme en el “fracaso” inicial de Marie-Francine, y además Miguel aparece enseguida, a los veinte minutos de película. Va deprisa porque quería que los acontecimientos se sucedieran abruptamente, casi violentamente, como suele ocurrir en la vida real. Y el fracaso que han vivido los personajes no era el verdadero tema. El tema era lo que pasó después, la reconstrucción.

Los padres de Marie-Francine son un espejo en el que ella no quiere ser. Están descritos con mucha delicadeza.

Marie-Francine no se dio cuenta de lo que se le venía encima: no vio crecer a sus hijas, no vio cómo se distanciaba su marido… y a los 50 años estamos menos conectados que a los 20… o a los 80. ¡Vete a la Fnac un sábado por la mañana y sólo verás a personas mayores, o muy mayores, comprando ordenadores! La madre, “Dadick”, siempre está en el ordenador, compra cosas, las revende, es muy activa. Quería que los padres estuvieran más conectados que su hija, como lo están, evidentemente, las hijas de Marie-Francine, que van a intentar que su madre encuentre pareja en Meetic. Los padres tienen una vida más cómoda, más segura que la de su hija. Para ellos, Marie-Francine es a la vez una niña pero también tiene una edad parecida a la de ellos. Creen que es fácil encontrarle un novio, que todo es sencillo visto desde su pequeño mundo.

 

¿Te divertiste interpretando a Marie-Francine, que no es un personaje necesariamente divertido en sí mismo?

Los divertidos son los que están a su alrededor: sus padres, su marido, sus hijas, su hermana, las situaciones. Ella flota, vacila, nunca se ha enfrentado a la violencia de la vida… Y, cuando ya no espera nada, se convierte, como la describe su cliente (interpretado por Pierre Vernier), en una “gran mujer algo depresiva”. Como yo en algunas ocasiones (risas). Había diseñado trajes con mangas demasiado cortas o con un extremo del cuello por fuera y el otro no… Llevo mucho tiempo trabajando con la misma diseñadora de vestuario, Catherine Leterrier. La conocí hace 30 años en Milou en mai, la primera película que hice. Después nos volvimos a encontrar en Los visitantes, Viernes noche, Palacio Real… Catherine ha diseñado deliberadamente para Marie-Francine cosas poco espectaculares, que no están muy de moda, pero que encajan perfectamente con ella. Acortamos muchas cosas y le pusimos zapatos planos. Además no quería sacarle dos cabezas a Patrick.

 

Al igual que le ocurre a Armelle en Palacio Real, Marie-Francine ha funcionado con el piloto automático gran parte de su vida, hasta que tanto la una como la otra vuelven a tomar las riendas de su existencia. En cierto sentido son películas feministas. ¿Eso te gusta?

Me gusta mucho. Pero cuando Emmanuel deja a Marie-Francine, ésta reacciona violentamente: quita todas las fotos en las que sale que están en el piso matrimonial. Es radical: incluso deja a sus hijas. Se cae del guindo pero por encima de todo está furiosa. No le pide a Emmanuel que se quede, no se derrumba, decide seguir adelante. Así que no tiene más remedio que tomar las riendas de su vida, así que al final resulta ser una gran oportunidad para ella. La primera escena que escribí es la de su crisis, en la que se rebela contra sus padres. En mi opinión, es la primera vez que se enfurece en toda su vida, y a los 50, todo sale por fin a la luz. Está claro que cuanto más tarde, más violento es.

Marie-Francine es la historia de un despertar tardío. Es una mujer de 50 años que quizás nunca tuvo 14. Pero de repente tiene 14 años porque se enamora y tiene que plantar cara a la vida.

Patrick Timsit es un actor de comedia, pero has cambiado totalmente su registro. Lo conocemos por sus personajes divertidos, burlones, cínicos o ligeramente neuróticos, y aquí lo descubrimos sonriente, brillante, por no decir simpático.

Conocí a Patrick hace veinte años, una noche en un restaurante de Bruselas, y lo encontré increíblemente simpático y discreto. No había visto sus espectáculos. De hecho no le vi en escena hasta después de darle el papel de Miguel.

Así que sólo lo conocía en persona, y en la televisión, y me pareció más amable que los demás, más bondadoso. Para mí, la bondad es la mejor de las cualidades. Tiene una mirada muy humana, nunca critica a nadie, y para mí, ahí reside el verdadero encanto de una persona. El, por su parte, no tenía miedo de adentrarse en temas menos familiares para él y enfrentarse a un nuevo género. El primer mensaje que me envió después de haber leído el guión decía: “Me encanta la historia, mi personaje, ¡soy tu hombre!”

 

¿Por qué hiciste que Miguel, el amante romántico por excelencia, fuera hijo de inmigrantes portugueses? ¿Para jugar con el contraste de las clases sociales?

La película no cuenta una historia de clases. Miguel, antes de trabajar a las órdenes de otro, tenía su propio restaurante que fue un éxito. Era chef, y socialmente, un chef, es un gestor, es alguien que ha llegado muy alto. Así que provenía del mismo entorno social, o incluso superior, que el de Marie-Francine. Se conocen cuando vuelven a ser “iguales”. Cada uno tiene su bata de trabajo, él es cocinero, ella lleva una tienda de cigarrillos electrónicos… Eso suprime las fronteras, estamos en la neutralidad del lugar de trabajo, a nivel del suelo, en la vida cotidiana más simple, en la que vamos a comprar nuestros cigarrillos a la tienda de al lado. Si se hubieran quedado en su entorno, nunca habrían tenido la oportunidad de conocerse.

 

La película también es el encuentro de dos boles. El bol bretón y el bol Félix Potin. ¡De hecho es muy romántico!

Pero en francés “bol” también quiere decir suerte. Al principio la película se llamaba El bol de Marie-Francine. Porque al final, tiene suerte. Y con un bol puedes alimentarte de lo que te prepara el otro, y dejar de comer barras de cereales como hacen tantas personas que trabajan en la ciudad.

¿Crees que has tenido suerte en tu vida de actriz?

No solo en mi vida como actriz, sino en mi vida; está claro que sí. Tienes que saber aceptar lo que te depara la vida, como el corcho que discurre por el río.

 

En  “Los 50 son los nuevos 30” hay un deseo de estilizar el encuentro amoroso, de quedarse en lo básico. De hecho, yo soy muy básico.

No me asusta la banalidad del amor. Un amor naciente es un poco tonto, es muy banal. Y no siempre es divertido. Marie-Francine y Miguel no se sienten a gusto en su vida social, así que de repente, el amor va a apoderarse de todo. Se sienten “fuera de lugar” en su vida profesional, así que queda mucho espacio libre en sus vidas.

 

¿Escribes para los actores?

Sí, me ocurrió con Hélène Vincent, con Philippe Laudenbach, y también con Nadège Beausson-Diagne, con quien había actuado en Agathe Cléry de Etienne Chatiliez, y que me pareció genial. Escribí el papel a su medida, para ella. ¡De hecho no pude encontrar otro nombre para el personaje que el suyo!

 

¿Cómo haces para interpretar a dos personajes en un plano sin utilizar dobles de espaldas?

Estaba frente a una actriz que actuaba en play-back, que oía mi voz a través de auriculares y que se ajustaba exactamente a mi ritmo de interpretación. Se había aprendido los diálogos de los dos personajes y reproducía los del personaje opuesto al que yo interpretaba. Es ella a la que vemos de espaldas en las escaleras; era mi doble en lo físico y también en la interpretación. En realidad se trata de una técnica muy sencilla: Cortamos la imagen por la mitad y pegamos las dos mitades para reconstruir el plano.

 

¿Conoces bien el Distrito XVI de París donde se rodó la película?

Cuando fui a París por primera vez, viví unos días en casa de la abuela de mi primo que vivía en la rue de la Pompe. Yo era una chica del campo y mi primer descubrimiento de París fue el distrito XVI. Creo que es un distrito que da muy bien en la pantalla. Las calles no son rectas, hay árboles… No sé si me gustaría vivir allí, pero es un lugar que tiene mucho encanto. Cuando voy allí, me da la impresión de que voy muy lejos, como si hiciera un viaje en el tiempo. Es exótico.

¿Cómo describirías la burguesía de los padres? No podemos hablar de una burguesía desclasada o arruinada, es algo más sutil…

No son ni aristócratas ni burgueses venidos a menos. Son pequeños burgueses, con sus códigos a la hora de vestir, sus actividades recurrentes muy G.B.M. (golf-bridge-messe [golf-bridge-misa]). Todavía hay muchos en Francia. No quería que vivieran en apartamentos con molduras, parqué, cubertería de plata, es decir en el pasado. En realidad son modernos; viven en un piso de los años 60 y 70, tienen un coche nuevo y siguen juntos. La vida moderna no ha dinamitado la unidad familiar.

 

La decoración interior de Los 50 son los nuevos 30 está extremadamente cuidada.

Trabajé con la decoradora Emmanuelle Duplay cuando hacía spots publicitarios hace mucho tiempo, y Edouard Weil insistió mucho (e hizo bien) en contratarla para la película.

Ella ha construido la mayoría de los interiores en el estudio. Por ejemplo, el piso de los padres. La escena en la que el padre y la madre hablan de una habitación a otra, la he tomado prestada de una secuencia de Madame de… Es evidente que no encontramos un apartamento con la geografía ideal, así que todo se hizo en Bry-sur-Marne, donde se rodó mi primera película, Quadrille.

Me encanta el estudio, me parece mágico. Lo único que hace falta es ensuciar un poco el interruptor y de repente, todo parece de verdad. Es fantástico. El piso de los padres que ha hecho Emmanuelle es tan creíble que, durante el rodaje, salía al balcón o tomar el aire… No quería que fuera muy grande, sólo tiene dos habitaciones, moqueta, papel japonés en las paredes y una pequeña abertura en la entrada para que sea un poco teatral, para que puedan verse todas las entradas y salidas al piso. ¡Eso está copiado de Colombo!

También pensé mucho en la casa en la que crecí y que no había visto hace 20 años, sobre todo los colores; y en lo que se refiere a los discos, la música que escuchamos en la película, Moustaki, Amalia Rodrigues, es exactamente lo que escuchábamos en casa de mis padres. Parece extraño, pero una película es una empresa muy colectiva; trabajan cientos de personas pero al mismo tiempo hay que mantener cierta intimidad, algo que no hay que perder nunca de vista.

 

¿La casa de los padres de Miguel también se hizo en el estudio?

Para nada. Era una portería de verdad transformada en tienda de bicicletas y que volvió a transformarse en portería para la película. Esta vez yo me había jurado a mí misma que sólo contaría con actores profesionales. Pero lo cierto es que la madre de Miguel es una portera de verdad y encontramos a su marido en la calle Longchamp, en el restaurante donde se reúnen muchos portugueses el viernes a mediodía a dos metros del restaurante donde rodamos la cocina de Miguel. El ataque de risa de Miguel en la cama mientras sus padres se turnan para ir al baño no fue demasiado complicado. Acababa de decirme que su madre, en la película, lo había tenido a los seis años…

 

¿Nos volveremos a encontrar dentro de unos años para hablar de una película sobre Marie-Noëlle?

Sí, sería genial. Con las botas dentro de los vaqueros, su cuello subido y sus plumas sin mangas… Y cuando estemos en el plató, Marie-Francine puede venir a visitarnos y seguro que nos alegramos de volver a verla.

 

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