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Ya está decidido, me opero de la presbicia

¿Quieres saber por qué dije en su día: «me opero de la presbicia»? Todo comenzó cuando a los 46 años empecé a ver mal de cerca. ¡No hay problema! Con unas gafas todo arreglado. Un año después, las gafas ya no me servían… Fui al óptico y me dio unas nuevas, hasta que me dí cuenta de que ahora veía mal de lejos. No me molestaba mucho, hasta que ya encontraba difícil ver de lejos las señales para conducir.

¡Gafas progresivas! El óptico aparcó el problema con ellas durante un tiempo, pero volví de nuevo a tener problemas para ver de cerca, pues no podía ni fijar un mueble con herramientas. Cuando al fin conseguía enfocar bien, me dolía la cabeza y me sentía incapaz de hacer otra cosa que no fuera acostarme y cerrar los ojos. No podía trabajar así. Entonces me pregunté: ¿qué hago?

Visité de nuevo al oculista, pero solo tenía unas décimas más de hipermetropía. ¿Voy a tener que cambiar de gafas todos los años? Estaba harto de gastarme el dinero en ellas y, además, no me sentía seguro conduciendo.

El oculista me dijo que tenía presbicia y me propuso una de estas dos opciones: otro par de gafas u operarme. Me dijo que al no tener otro problema visual además de miopía, hipermetropía y algo de astigmatismo, la operación transcurriría sin problemas.

Entonces, lo decidí: me opero de la presbicia.

Cómo fue mi operación de presbicia

Fue muy simple. Entre en la página web de Sanitas  rellené el formulario y en seguida me dieron cita para hacerme la valoración, ya que además no es necesario que tengas un seguro de salud.

El médico me explicó también el procedimiento que llevarían a cabo, bastante sorprendente: sustituirían mi cristalino por una lente intraocular multifocal. Esta lente es capaz de adaptarse según quieras ver de cerca o de lejos, lo que se llama acomodación.

El oculista que iba a operarme me dio dos citas para la intervención (ya que primero me operarían de un ojo y, una semana después, del otro) y me recetó dos colirios especiales que tendría que ponerme un día antes de la operación.

El día antes de la primera operación

Ese día me llamaron de la consulta para recordarme que me pusiera los colirios. De todas formas, yo ya lo tenía anotado en la agenda. Así que veinticuatro horas antes de la operación, por si acaso me apliqué los dos colirios:

– Uno era antiinflamatorio, para evitar molestias o dolor tras la intervención.

– El otro era antibiótico, para minimizar la posibilidad de una infección tras la misma.

La primera operación

Gracias a la proximidad de la clínica y a la poca duración de la operación, por la mañana aún me dio tiempo a ir a trabajar. Procuré no forzar los ojos y dejar las tareas que requerían buena vista para después de pasar por quirófano.

Me administraron otro colirio, un anestésico local y a continuación me operaron. Me alegro de que pusieran música de fondo, ya que durante los diez minutos que duró la cosa fui consciente, pero solo podía ver con el ojo que no me estaban tocando.

Por supuesto, no noté ningún dolor. Es algo incómodo que un aparato sujete los párpados de un ojo para mantenerlo abierto, pero no ves nada de la operación ni tuve la sensación de estar en peligro. Y, por 10-15 minutos, no iba a quejarme de incomodidad.

Después de la primera operación de presbicia

Mi mujer me acompañó a casa, pero la verdad es que podría haber regresado solo en transporte público, ya que con el ojo que aún no me habían operado podía ver suficiente para ir solo medianamente bien. De acuerdo, llevaba un parche en el ojo operado, con lo cual parecía un poco pirata, pero eso no me desanimó.

El médico me dijo que al día siguiente podría ir a trabajar sin el parche y que siguiera poniéndome los colirios antibiótico y antihistamínico. El ojo operado solo estuvo enrojecido el primer día. Me sentía un poco confusa porque veía bien con él y mal con el que estaba por operar, así que me tapé con un parche este último para acomodar el nuevo. Eso fue difícil, no estaba acostumbrado a ver bien. Las distancias cambian.

La segunda operación de presbicia

Fue exactamente como la primera: otra vez me llamaron para recordarme los dos colirios el día de antes y en la clínica me operaron el otro ojo de la misma manera.

Los resultados

Como podéis imaginar, al día siguiente ya veía bien con los dos ojos. Pasó lo mismo: tuve el ojo un poco enrojecido los primeros días, pero confieso que me costó acostumbrarme un tiempo a ver las distancias correctas.

No obstante, te aseguro que vale la pena. No he vuelto a tener cansancio ocular ni dolores de cabeza por eso. Tampoco tengo que llevar gafas. Por eso, en tu lugar, no lo dudaría y diría también «yo me opero de la presbicia».

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