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Tengo presbicia y miopía: ¿qué soluciones hay para mí?

La presbicia y la miopía son dos defectos de la visión bastante comunes a partir de ciertas edades. Tienen similitudes y también diferencias. Veámoslas.

Por una parte, la miopía afecta, aproximadamente, al 20 % de la población, es hereditaria y no es considerada una enfermedad, sino un desorden relacionado con el enfoque, afectando a la visión de objetos lejanos.

Por otra, la presbicia es lo que comúnmente conocemos como vista cansada y afecta al cristalino, que se vuelve rígido e incapaz de procesar las imágenes cercanas. Aparece con la edad, sobre todo a partir de los 40 años.

¿Por qué aparece la presbicia?

Cuando la luz atraviesa tus ojos, lo hace en distintos ángulos. Su objetivo es llegar a la retina, situada en el fondo del ojo, una capa de neuronas que va a emitir la información visual al cerebro.

No obstante, antes de llegar a esta estructura neuronal, la luz tiene que atravesar otras lentes. Si hay algún problema o alteración en una de ellas, la luz no llegará adecuadamente a la retina y no se formará una imagen nítida.

El cristalino, por ejemplo, es una de esas lentes. La presbicia aparece cuando el cristalino se vuelve más rígido, concretamente, cuando aparece una acumulación de proteínas en su superficie. 

presbicia sintomas y causas

Síntomas y causas de la presbicia, ¿cómo identificarla?

Entre los síntomas de la presbicia, el más común, pasados los 50 años consiste en un deterioro de la visión de forma gradual. Probablemente, sientas perder la capacidad para leer, ver el teléfono móvil, coser o realizar cualquier otra tarea a poca distancia. La miopía ocasiona visión borrosa cuando la imagen visual es enfocada en frente de la retina y no directamente sobre ella. 

Al padecer vista cansada, podrás experimentar una fatiga visual  muy notoria, con intensos dolores de cabeza después de leer o tras realizar un trabajo de cerca.

Un signo muy llamativo es tener la necesidad de alejar el material de lectura a la distancia de un brazo para poder enfocarlo correctamente. Posiblemente sientas necesitar más iluminación cuando realizas alguna de estas tareas.

La hipermetropía es una condición que tiene síntomas similares a la presbicia. Una persona con hipermetropía ve a veces claramente lejanos mientras que los objetos cercanos los ve borrosos.

Con la presbicia también puedes notar cierta dificultad para enfocar tu visión si cambias rápidamente de un objeto cercano a otro lejano. También te impide  de ver con claridad objetos cercanos.

Qué tratamientos tenemos para corregir la miopía y la presbicia

En la práctica, muchas personas miopes solicitan cirugía refractiva cuando ya tienen también presbicia. Antes iban arreglándoselas poniéndose unas gafas en momentos puntuales, concretamente cuando necesitaban ver de lejos.

Sin embargo, cuando empiezan a notar que la visión de cerca también les falla tienen que decidir entre usar diferentes tipos de gafas (con corrección para la visión de cerca, monovisión, etc.) o pasar por el quirófano.

Dentro de esta última opción, veamos qué posibilidades tenemos.

Cirugía refractiva

Es una especialidad oftalmológica que consiste en corregir quirúrgicamente los defectos refractivos, esto es, la miopía, la hipermetropía, el astigmatismo y la presbicia. Su objetivo principal es que los pacientes ya no necesiten gafas ni lentillas, lo que mejora su calidad de vida.

La cirugía refractiva utiliza técnicas que pueden dividirse en dos grandes grupos. Por una parte está la técnica láser, que opera sobre la córnea; por otra, las intraoculares corneales, que consisten en la implantación de diferentes tipos de lentes dentro del ojo.

presbicia y miopía

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Operación de la presbicia con lente intraocular

Este es otro tipo de técnica que ha demostrado muy buenos resultados. Consiste en sustituir la lente natural del ojo por una artificial biocompatible que se coloca en su lugar en el interior del ojo.

Es una lente multifocal que permite la visión correcta en tres planos de enfoque: próximo, medio y lejano. Es como llevar unas gafas multifocales, pero en este caso es el cerebro el que elige el tipo de enfoque que necesita en cada momento. A este proceso neurológico se le llama pseudoacomodación.

Con este tipo de intervención se recupera un rango de visión completo. Además, se puede aprovechar la intervención para corregir otros defectos como miopía, hipermetropía, astigmatismo e incluso cataratas.

Resulta muy adecuada para personas de más de 50 años, ya que se supone que el proceso de envejecimiento del ojo se da entre los 45 y los 50 años.

Cirugía en la córnea

El principal objetivo de los pacientes que se someten a este tipo de cirugía es lograr la monovisión sin necesidad de usar gafas, es decir, poder ver de lejos y de cerca como una persona de visión sana.

Este tipo de intervención modifica la curvatura de la córnea (la membrana que recubre el globo ocular), compensando la merma en la capacidad de adaptación del cristalino. Es bastante parecida al tipo de cirugía más usado en casos de miopía y mejora mucho la visión intermedia y de cerca.

La base de este tipo de cirugía es que todos tenemos un ojo con el que vemos mejor de lejos y uno con el que vemos mejor de cerca (el ojo dominante y el ojo lector).

Ambos se combinan para ver bien a todas las distancias, y el cerebro compensa automáticamente las carencias de cada ojo. Con la cirugía láser se potencia la «especialidad» de cada ojo para que podamos recuperar ambas funciones sin comprometer la visión lejana.

Es un tipo de operación muy sencilla, hay que explicar bien que no es definitiva, ya que si el cristalino sigue envejeciendo, la presbicia volverá a manifestarse.

presbicia y miopía

Incrustaciones corneales

Una alternativa más moderna que la anterior es utilizar pequeños dispositivos denominados inlays de córnea, que ayudan a corregir la presbicia. Se implantan en la parte frontal del ojo a través de un procedimiento quirúrgico mínimamente invasivo que logra restaurar la visión de cerca.

Esto permite reducir la necesidad de usar este tipo de gafas, por ejemplo, para leer.

Estas incrustaciones pueden colocarse en diferentes sitios de la córnea. Unas estarán próximas a la superficie del ojo, justo por debajo de la capa externa más delgada de la córnea, llamada epitelio. Otras se colocan de una manera más profunda, concretamente en la capa media de la córnea, que es de mayor grosor que la anterior y cuya denominación es estroma.

Debido a que son implantadas más profundamente, estas últimas incrustaciones de córnea suelen tener más estabilidad, ofreciendo resultados más predecibles y duraderos. Por esta razón, parece que se ha convertido en la opción preferida para los médicos y pacientes interesados en cirugía refractiva.

¿Qué técnica quirúrgica te conviene más?

Las dos técnicas que te hemos presentado son cirugías ambulatorias, es decir que no necesitan ingreso hospitalario ni anestesia total. Sólo se usa anestesia local tópica y se inmovilizan los párpados del paciente.

Aunque suene incómodo, es una operación indolora y bastante rápida. Además el proceso postoperatorio es breve: al día siguiente se puede volver a hacer vida normal, aunque deberá seguir unos cuidados determinados indicados por el especialista.

En cualquier caso, para escoger qué tipo de intervención se ajusta mejor a tu caso lo mejor es consultar a un especialista para que pueda valorarlo. Tendrá en cuenta la edad, el estado de deterioro del cristalino, así como si la presbicia va acompañada de otras patologías o no.

operación presbicia

Nuestro consejo

A la hora de elegir una clínica que trabaje con este tipo de cirugía, infórmate bien sobre su experiencia y sus resultados.

Por ejemplo los Servicios de Salud de Sanitas disponen de una amplia red de centros colaboradores en los que se puede confiar se tenga o no un seguro de salud. Además, la primera cita es totalmente gratuita y no hace falta ser de Sanitas

presbicia y miopía

Otras soluciones para los que no se pueden operar para mejorar su miopía o presbicía.

Si no quieres someterte a una intervención quirúrgica, siempre te quedará la posibilidad de utilizar dos tipos de gafas: las de cerca y las de lejos.

Unas te corregirán la miopía y las otras, la vista cansada. Otra opción, para no tener que estar cambiando de gafas, es usar lentillas diarias y dejar las gafas para leer.

Las gafas son la forma más simple y segura de corregir los problemas de visión, aunque supongan una incomodidad y un gasto. Incluso hay personas que pueden usarlas sin necesidad de receta médica; normalmente, esto sucede si antes de que les apareciera la vista cansada gozaban de buena visión.

Para elegir el tipo idóneo de gafas, prueba diferentes enfoques hasta que encuentres aquellas que te permitan leer cómodamente a una distancia adecuada, comenzando siempre por las de menos dioptrías.

Con respecto a las lentillas, podemos decir que estas sí que tiene que prescribírtelas un médico una vez que te haya hecho el diagnóstico de tus dioptrías. Las lentes fáquicas tipo Artisan o Artiflex permiten corregir la miopía hipermetropía y astigmatismo de pacientes que no sean aptos para un tratamiento láser.

me opero de la presbicia

Testimonio de una mujer operada de presbicia

 Todo comenzó cuando a los 46 años empecé a ver mal de cerca. ¡No hay problema! Con unas gafas todo arreglado. Un año después, las gafas ya no me servían… Fui al óptico y me dio unas nuevas, hasta que me dí cuenta de que ahora veía mal de lejos. No me molestaba mucho, hasta que ya encontraba difícil ver de lejos las señales para conducir.

¡Gafas progresivas! El óptico aparcó el problema con ellas durante un tiempo, pero volví de nuevo a tener problemas para ver de cerca, pues no podía ni fijar un mueble con herramientas. Cuando al fin conseguía enfocar bien, me dolía la cabeza y me sentía incapaz de hacer otra cosa que no fuera acostarme y cerrar los ojos. No podía trabajar así. Entonces me pregunté: ¿qué hago?

Visité de nuevo al oculista, pero solo tenía unas décimas más de hipermetropía. ¿Voy a tener que cambiar de gafas todos los años? Estaba harto de gastarme el dinero en ellas y, además, no me sentía seguro conduciendo.

El oculista me dijo que tenía presbicia y me propuso una de estas dos opciones: otro par de gafas u operarme. Me dijo que al no tener otro problema visual además de miopía, hipermetropía y algo de astigmatismo, la operación transcurriría sin problemas.

Cómo fue mi operación de presbicia

Mi médico me explicó el procedimiento que llevaría a cabo, bastante sorprendente: sustituirían mi cristalino por una lente intraocular multifocal. Esta lente es capaz de adaptarse según quieras ver de cerca o de lejos, lo que se llama acomodación.

El oculista que iba a operarme me dio dos citas para la intervención (ya que primero me operarían de un ojo y, una semana después, del otro) y me recetó dos colirios especiales que tendría que ponerme un día antes de la operación.

El día antes de la primera operación

Ese día me llamaron de la consulta para recordarme que me pusiera los colirios. De todas formas, yo ya lo tenía anotado en la agenda. Así que veinticuatro horas antes de la operación, por si acaso me apliqué los dos colirios:

– Uno era antiinflamatorio, para evitar molestias o dolor tras la intervención.

– El otro era antibiótico, para minimizar la posibilidad de una infección tras la misma.

La primera operación

Gracias a la proximidad de la clínica y a la poca duración de la operación, por la mañana aún me dio tiempo a ir a trabajar. Procuré no forzar los ojos y dejar las tareas que requerían buena vista para después de pasar por quirófano.

Me administraron otro colirio, un anestésico local y a continuación me operaron. Me alegro de que pusieran música de fondo, ya que durante los diez minutos que duró la cosa fui consciente, pero solo podía ver con el ojo que no me estaban tocando.

Por supuesto, no noté ningún dolor. Es algo incómodo que un aparato sujete los párpados de un ojo para mantenerlo abierto, pero no ves nada de la operación ni tuve la sensación de estar en peligro. Y, por 10-15 minutos, no iba a quejarme de incomodidad.

Después de la primera operación de presbicia

Mi mujer me acompañó a casa, pero la verdad es que podría haber regresado solo en transporte público, ya que con el ojo que aún no me habían operado podía ver suficiente para ir solo medianamente bien. De acuerdo, llevaba un parche en el ojo operado, con lo cual parecía un poco pirata, pero eso no me desanimó.

El médico me dijo que al día siguiente podría ir a trabajar sin el parche y que siguiera poniéndome los colirios antibiótico y antihistamínico. El ojo operado solo estuvo enrojecido el primer día. Me sentía un poco confusa porque veía bien con él y mal con el que estaba por operar, así que me tapé con un parche este último para acomodar el nuevo. Eso fue difícil, no estaba acostumbrado a ver bien. Las distancias cambian.

La segunda operación de presbicia

Fue exactamente como la primera: otra vez me llamaron para recordarme los dos colirios el día de antes y en la clínica me operaron el otro ojo de la misma manera.

presbiciaLos resultados

Como podéis imaginar, al día siguiente ya veía bien con los dos ojos. Pasó lo mismo: tuve el ojo un poco enrojecido los primeros días, pero confieso que me costó acostumbrarme un tiempo a ver las distancias correctas.

No obstante, te aseguro que vale la pena. No he vuelto a tener cansancio ocular ni dolores de cabeza por eso. Tampoco tengo que llevar gafas. Por eso, en tu lugar, no lo dudaría y diría también «yo me opero de la presbicia».

En conclusión, si sufres presbicia y miopía conjuntamente tienes diferentes soluciones para tratarlas. Aunque puedes utilizar varios tipos de gafas o combinar gafas y lentillas, lo más cómodo es que te sometas a una intervención quirúrgica en un centro especializado.

Dentro de ella, por una parte, con la cirugía en la córnea podrás corregir ambos defectos oculares; por otra, las incrustaciones corneales de lentillas te evitarán usar gafas para la vista cansada.

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