Hay días en los que nos sentimos más pesadas, con menos energía, con digestiones difíciles o incluso con las articulaciones más rígidas. Y aunque no todo tiene que ver con la alimentación, lo que ponemos cada día en el plato sí puede influir en los procesos inflamatorios del organismo.
La llamada dieta antiinflamatoria no es una dieta para adelgazar ni un menú lleno de ingredientes exóticos. Tampoco consiste en eliminar grupos enteros de alimentos. En realidad, se parece mucho a una forma de comer que conocemos bien: la dieta mediterránea, basada en verduras, frutas, legumbres, pescado, frutos secos, cereales integrales y aceite de oliva virgen extra.
Según Harvard Health la clave está menos en buscar un alimento “milagroso” y más en conseguir que el conjunto de nuestra alimentación sea saludable y poco procesado.

¿Qué es exactamente la inflamación?
La inflamación es una respuesta natural del organismo. Cuando nos hacemos una herida o sufrimos una infección, el sistema inmunitario pone en marcha mecanismos destinados a protegernos y reparar los tejidos.
El problema aparece cuando esa activación se mantiene durante mucho tiempo. La inflamación crónica de bajo grado se ha relacionado con diferentes problemas de salud y con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes y otros trastornos crónicos.
Por eso, más que intentar “eliminar la inflamación” —algo que no tendría sentido porque necesitamos la inflamación para defendernos—, el objetivo es favorecer unos hábitos que ayuden a mantener un equilibrio saludable.
Dato Babú: Una dieta antiinflamatoria no consiste en comer determinados alimentos durante una semana. Lo importante es el patrón de alimentación que mantenemos durante meses y años.
¿En qué consiste una dieta antiinflamatoria?
No existe una única dieta antiinflamatoria oficial. El concepto engloba diferentes formas de alimentación que comparten una serie de características.
La más estudiada y fácil de aplicar en España es la dieta mediterránea.
Su base es sencilla:
- Abundantes verduras y hortalizas.
- Fruta variada.
- Legumbres varias veces por semana.
- Cereales integrales.
- Pescado, especialmente pescado azul.
- Frutos secos y semillas.
- Aceite de oliva virgen extra como principal grasa.
- Hierbas y especias para aportar sabor.
- Menor presencia de alimentos ultraprocesados.
- Menos azúcares añadidos y harinas refinadas.
Una revisión y metaanálisis publicada en 2025 que reunió ensayos clínicos aleatorizados encontró que la dieta mediterránea puede reducir determinados marcadores relacionados con la inflamación en adultos.

Los 12 alimentos que más merece la pena incorporar
No necesitamos llenar la despensa de productos especiales. Muchos de los alimentos más interesantes ya forman parte de nuestra cocina.
1. Aceite de oliva virgen extra
Es uno de los grandes protagonistas de la dieta mediterránea. Aporta grasas monoinsaturadas y compuestos fenólicos con propiedades antioxidantes.
Úsalo para aliñar ensaladas, verduras, pescado o simplemente sobre una tostada de pan integral.
2. Pescado azul
Sardinas, caballa, boquerones, salmón o atún aportan ácidos grasos omega-3.
Además, el pescado es una excelente fuente de proteínas, algo especialmente importante a partir de los 50 para ayudar a conservar la masa muscular.
3. Frutos secos
Nueces, almendras, avellanas o pistachos son opciones muy interesantes.
Mejor naturales o tostados, sin grandes cantidades de sal ni azúcar añadido. Un pequeño puñado puede convertirse en un tentempié mucho más interesante que una galleta o un producto ultraprocesado.
4. Frutos rojos
Arándanos, fresas, frambuesas y moras aportan polifenoles y otros compuestos antioxidantes.
No es necesario consumirlos todos los días ni comprarlos siempre frescos: los frutos rojos congelados también pueden ser una opción práctica.
5. Tomate
El tomate aporta licopeno, un carotenoide estudiado por sus propiedades antioxidantes. Crudo, cocinado, en ensalada, en gazpacho o acompañado de aceite de oliva: es uno de esos alimentos fáciles de incorporar a nuestra alimentación habitual.
6. Verduras de hoja verde
Espinacas, acelgas, rúcula, canónigos o brócoli permiten aumentar fácilmente la cantidad de vegetales de nuestra dieta. Una buena estrategia consiste en que las verduras ocupen una parte importante del plato en comida y cena.
7. Legumbres
Lentejas, garbanzos, alubias y guisantes aportan fibra, proteínas vegetales, vitaminas y minerales.
Además, la fibra alimentaria contribuye a mantener una microbiota intestinal saludable, otro de los motivos por los que merece la pena recuperar las legumbres como alimento habitual.
8. Avena y otros cereales integrales
Avena, cebada, arroz integral, pan integral o pasta integral aportan más fibra que sus equivalentes refinados. No hace falta eliminar los hidratos de carbono: simplemente conviene elegir con mayor frecuencia versiones integrales y alimentos poco procesados.
9. Frutas
Manzanas, naranjas, kiwis, granadas, cerezas, uvas, peras o melocotones son excelentes opciones.
La variedad es más importante que obsesionarse con una fruta concreta. Diferentes frutas aportan diferentes polifenoles, vitaminas y otros compuestos beneficiosos.
10. Semillas
Chía, lino, sésamo o calabaza pueden incorporarse fácilmente a yogures, ensaladas, cremas de verduras o desayunos. Las semillas de lino y chía, además, aportan ácido alfa-linolénico, un tipo de omega-3 de origen vegetal.
11. Especias y hierbas aromáticas
Cúrcuma, jengibre, canela, romero, orégano o ajo permiten dar sabor a los platos sin depender tanto de salsas preparadas o exceso de sal.
Eso sí: no debemos convertir una especia concreta en un “tratamiento” contra la inflamación. Lo importante sigue siendo el conjunto de la alimentación.
12. Café, cacao y té
Café, té verde y cacao puro contienen polifenoles. En el caso del cacao, hablamos de cacao sin grandes cantidades de azúcar añadido; no es lo mismo que una tableta de chocolate con mucho azúcar.
¿Qué alimentos conviene limitar?
Una alimentación antiinflamatoria no necesita prohibiciones absolutas. La idea es que determinados alimentos pasen de ser habituales a ser ocasionales.
Entre los que conviene limitar encontramos:
- Refrescos y bebidas azucaradas.
- Bollería industrial.
- Galletas y dulces frecuentes.
- Cereales muy azucarados.
- Pan y pasta elaborados principalmente con harinas refinadas.
- Fritos frecuentes.
- Carnes procesadas como embutidos, salchichas o ciertos preparados cárnicos.
- Comida ultraprocesada.
- Exceso de alcohol.
- Productos con grandes cantidades de azúcares añadidos.
Estos alimentos no tienen por qué desaparecer completamente de nuestra vida. La diferencia está en la frecuencia y la cantidad.
¿Y qué ocurre con la carne?
No es necesario convertirse en vegetariana para seguir una alimentación antiinflamatoria.
La idea es priorizar pescado, legumbres, frutos secos y otras fuentes saludables de proteínas, y reducir la frecuencia de carnes procesadas y el consumo excesivo de carne roja.
Un plato mediterráneo puede incluir perfectamente una pequeña cantidad de carne, pero no debería ser necesariamente el centro de todas las comidas.

Un día de alimentación antiinflamatoria
Desayuno
Yogur natural con avena, nueces, semillas de chía y frutos rojos.
O una tostada de pan integral con tomate y aceite de oliva virgen extra, acompañada de una pieza de fruta.
A media mañana
Una fruta y un pequeño puñado de almendras o nueces.
Comida
Lentejas con verduras.
Ensalada de tomate, cebolla y hojas verdes con aceite de oliva virgen extra.
Una pieza de fruta.
Merienda
Yogur natural o kéfir con fruta.
Cena
Sardinas, caballa o salmón acompañado de verduras y una pequeña ración de patata, arroz integral o pan integral.
Una infusión o fruta de postre.
No hace falta seguir este menú literalmente. Lo importante es observar su estructura: muchos vegetales, alimentos poco procesados, grasas saludables, fibra y proteínas de calidad.
La regla del plato que facilita todo
Si no quieres contar calorías ni seguir menús complicados, puedes utilizar una regla visual muy sencilla.
½ plato: verduras y hortalizas.
¼ del plato: proteína saludable: pescado, legumbres, huevos, pollo o tofu.
¼ del plato: hidratos de carbono preferentemente integrales: patata, arroz integral, pasta integral, quinoa o pan integral.
Y como grasa principal, aceite de oliva virgen extra. Esta fórmula permite construir comidas equilibradas sin convertir la alimentación en una sucesión de prohibiciones.
¿Puede ayudar con las molestias articulares?
Una alimentación saludable puede formar parte de un estilo de vida beneficioso para las articulaciones, pero debemos ser prudentes con las promesas.
Una dieta antiinflamatoria no cura la artritis ni sustituye el tratamiento médico. Sin embargo, los patrones alimentarios ricos en frutas, verduras, pescado, legumbres, cereales integrales y grasas saludables se han asociado con mejores indicadores de salud y, en algunos estudios, con una reducción de determinados marcadores inflamatorios.
Y existe otro aspecto especialmente importante después de los 50: mantener un peso saludable y conservar la masa muscular mediante ejercicio de fuerza y actividad física regular también forma parte de una estrategia global para cuidar las articulaciones.
¿Y para sentir menos cansancio?
Aquí también conviene evitar falsas promesas.
Ninguna dieta puede garantizar que desaparezca el cansancio. Pero sustituir alimentos ultraprocesados, exceso de azúcar y comidas muy refinadas por alimentos ricos en fibra, proteínas, vitaminas, minerales y grasas saludables puede contribuir a una alimentación de mayor calidad.
Además, una dieta equilibrada debe ir acompañada de suficiente descanso, actividad física, hidratación y una ingesta adecuada de proteínas.
Si el cansancio es intenso, persistente o aparece acompañado de otros síntomas, no debemos atribuirlo simplemente a la alimentación: conviene consultar con un profesional sanitario.

Cinco cambios sencillos para empezar hoy
No necesitas cambiar toda tu cocina de un día para otro.
1. Cambia el desayuno
Reduce la bollería y los cereales azucarados y prueba avena, fruta, yogur natural, frutos secos o pan integral con tomate y aceite de oliva.
2. Come verduras dos veces al día
Intenta que estén presentes tanto en la comida como en la cena.
3. Recupera las legumbres
Lentejas, garbanzos o alubias pueden aparecer varias veces por semana en ensaladas, guisos o cremas.
4. Come pescado con frecuencia
Alterna pescado blanco y pescado azul y evita que la carne procesada sea una opción habitual.
5. Mira menos la palabra “antiinflamatorio” y más la etiqueta
Un producto que presume de contener cúrcuma, frutos rojos o algún ingrediente “detox” no se convierte automáticamente en saludable.
La mejor dieta antiinflamatoria sigue siendo una alimentación basada principalmente en alimentos reales y poco procesados.
¿Necesitas eliminar el azúcar, el gluten o los lácteos?
No necesariamente.
Una dieta antiinflamatoria no implica eliminar automáticamente el gluten, los lácteos ni todos los azúcares.
Las restricciones tienen sentido cuando existe una intolerancia, alergia, enfermedad diagnosticada o una indicación profesional. Para una persona sana, eliminar grupos completos de alimentos sin motivo puede hacer que la dieta sea innecesariamente complicada y menos variada.
Lo mismo ocurre con las llamadas dietas “detox”: no necesitamos pasar varios días tomando zumos o infusiones para “limpiar” el organismo.
La verdadera dieta antiinflamatoria es un estilo de vida
Quizá esta sea la idea más importante de toda la guía.
No existe un alimento capaz de compensar una alimentación desequilibrada. Ni tampoco necesitamos comer arándanos, cúrcuma o salmón todos los días para “mantener a raya” la inflamación.
Lo que parece importar mucho más es el patrón global.
Una alimentación mediterránea, rica en vegetales y fibra, con aceite de oliva virgen extra, pescado, legumbres, frutos secos y cereales integrales, y con menos ultraprocesados, azúcares añadidos y carnes procesadas, constituye una base sólida.
Y si además la acompañamos de ejercicio regular, suficiente sueño, control del estrés, hidratación y relaciones sociales, estaremos actuando sobre muchos más aspectos de nuestra salud que siguiendo una dieta de moda durante unas semanas.
Dato Babú
Después de los 50, comer mejor no significa comer menos: significa elegir mejor.
Una alimentación antiinflamatoria no tiene que ser restrictiva, aburrida ni cara. Puede ser una cocina mediterránea llena de color, sabor y variedad: verduras, frutas, legumbres, pescado, aceite de oliva, frutos secos y buenos cereales.
El objetivo no es perseguir una alimentación perfecta.
Es conseguir que la mayoría de nuestras decisiones alimentarias jueguen a favor de nuestra salud.
Importante
La alimentación puede contribuir a un estilo de vida saludable, pero no sustituye el diagnóstico ni el tratamiento médico. Si tienes una enfermedad crónica, tomas medicación o estás pensando en realizar cambios importantes en tu alimentación, consulta con tu médico o con un dietista-nutricionista.
Fuente y referencia de este articulo: Harvard Health