Respirar a mi padre

Mi padre, los 19 de marzo, nunca celebró San José, y eso que se llamaba Jose Ramón; mi madre lo llamaba Moncho, sus amigos Ramón y yo papá; él lo que celebraba era el día del padre.

Era la excusa para comprarle un regalo, preparar una bonita mesa y, de postre, comer torrijas. A mi padre el regalo le daba igual, lo que más le gustaba era el postre y que yo le escribiera una postal.

En mi casa los dos éramos los de la buena letra, los fanáticos de rotuladores y lápices; escribíamos cualquier cosa con tal de que corriera la tinta, respirábamos mientras utilizábamos bolis o plumillas; las letras nos daban la vida.

Mi padre hacía listas interminables, copiaba citas de filósofos, anotaba frases que veía escritas; una debajo de otra, en un rollo de papel interminable; ahora cuando veo ese rollo pienso dónde llegaría si lo desplegara … bajaría por las escaleras hasta llegar a la calle, la gente podría leer escrito a lápiz: “al enemigo puente de plata” o “vísteme despacio que tengo prisa”… “la ignorancia es la semilla de todo mal” (esta es de Platón)

A mi padre no le gustaban los lápices nuevos y, pocas veces usaba la goma; utilizaba diferentes gruesos una veces con la mano izquierda, otras con la derecha; nunca entendí porqué no escribía cartas o historias; únicamente copiaba frases, citas y refranes que era incapaz de memorizar de tal cantidad de palabras. Cuando lo hacía, siempre respiraba feliz.

En las cartas, solo ponía besos papá y firmaba; hubiera estado bien leer algo tipo: “lo que no te mata te hace más fuerte”, o “la vida de un hombre es lo que sus pensamientos hacen de ella”, pero mi padre no era así; él respiraba tranquilo con sus letras; nunca me dio lecciones teóricas, lo suyo era practica pura: “toma este precioso lápiz y haz algo bonito con él”; y así respirábamos juntos un montón de colores.

A mi me encanta escribir cartas, postales, notas de agradecimiento, a veces también me da por copiar textos; alguien me dijo una vez que era la mejor forma de aprender un idioma, retengo datos en mi cabeza si los escribo; recuerdo muchas cosas cuando cojo un rotulador, cuando descubro un bolígrafo que escribe como la seda; lo pruebo copiando un párrafo de lo primero que encuentro, pienso en mi padre, y letra tras letra, lo respiro.

*Feliz día papá, mamá y yo siempre siempre te respiramos.

Delia Rubio

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