Mi perro, amor y obligaciones

Escrito por Àsun Moreno Fidalgo

No tengo a nadie en casa que me coja el relevo de bajar a la calle al perro para hacer sus necesidades.

Sé que es una buena disculpa para salir a dar una vuelta pero esta mañana se ha puesto del revés y no veo el momento.

Lleva unos días revuelto. Son las fiestas en los pueblos y barrios de alrededor y los cohetes anunciadores de los actos del día hace que esté inquieta y atemorizada.

El ruido que provocan le debe sonar en sus tímpanos por 1000 y le crea tan estado de ansiedad que me busca como alma en pena por la casa.

Yo que nunca fui mucho de animales me veo en la obligación y también porque me nace de calmarla. Pero no es fácil.

Ayer fue una de esas madrugadas que a temprana hora se empezaron a escuchar cohetes.

Se pone tan nerviosa que se orina allí donde pilla y te busca hasta la desesperación.

Dicen que los animales tienen un sexto sentido y que en ocasiones intuyen acontecimientos que el humano no sabría predecir.

Se dan cuenta cuando alguien falta, cuando alguien está malo, cuando alguien está en peligro.

Tienen un mecanismo que les alerta, llámese intuición, no lo sé.

Pero  lo que es cierto es que nos protegen, nos acompañan y que no se olvidan de quien fue su cuidador en su vida dándole toda su lealtad.

Como os he dicho desde hace un tiempo me toca cuidarle y yo que nunca he sido de acariciar animales, no me preguntéis porque razón, no soy recibida de igual manera en casa que cuando llega algún otro miembro de la familia que si le muestra más cariño.

El perro, este animal de compañía que recomiendan para la educación de los niños, para su desarrollo, para aliviar la soledad y avivar la vida en las residencias de ancianos, nunca le devolveremos como se merece todo lo que nos da.

Pero no nos olvidemos que son animales y que hay un umbral que no deberíamos sobrepasar.

Nunca por mucho amor que nos den deben sustituir al ser humano aún ocupando un puesto importante en la familia. Cada uno tiene un sitio diferente, ni mejor ni peor.

Aunque tengo que reconocer que son más fieles que algunas compañías de dos piernas y que solo les falta el lenguaje para comunicarse aunque en su lengua de trapo se les entiende perfectamente.

Por cierto, el pinscher me espera, paciente pero me espera.

Ya veréis cuando me ponga las zapatillas va a saber perfectamente que llegó su hora.

No hay comentarios

Dejar una respuesta

Tu dirección de email no será publicada.

Puedes usar estas etiquetas y atributos de HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>