Impuntualidad

Sobre la impuntualidad escrito por Asun Moreno Fidalgo.

Ana es una persona alegre y divertida a partes iguales. Su capacidad innata para hacer planes y compartirlos no es algo que todo el mundo tenga, convirtiéndola en un ser especial.

Cuando estás con ella te hace sentir única y ese detalle siempre agrada.

Es ingeniosa, locuaz, ocurrente, leal. Nadie como Ana sabe contar anécdotas de nuestra infancia que aunque en ocasiones puedan ser dramáticas siempre con ella acaban en una carcajada.

Hace ya muchos años que la conozco, tantos como la edad babú que tengo. Siempre nos hemos entendido muy bien, tal vez porque somos una el complemento de la otra y porque con una sola mirada sabemos lo que nos pasa sin  articular palabra.

Nuestra amistad que es como un matrimonio maduro que sabe de todos sus defectos perdonándolos siendo el peor de ellos la impuntualidad. Algo que le ha perseguido y que le perseguirá toda la vida.

Este detalle se vuelve en su contra cuando de hacer planes en grupo se trata.

Amante y disfrutona de la vida social tiene en esta virtud algo que le urge resolver y también a estas alturas de la vida una batalla perdida.

Ana es una persona incómoda para las citas. Nunca está a la hora  y siempre aparece jadeando como si cien metros antes de nuestra encuentro se hubiese pegado un carrerón.

Creo que en todo el tiempo que le he esperado a lo largo de nuestra relación podría haber estudiado varias carreras y haber escrito algunos libros.

En ocasiones después de  un largo tiempo de espera en el que el cabreo va en aumento y en el que fantaseo con todo lo que le diré a su  llegada se me pasa cuando la veo aparecer con su larga melena rubia y su color rojo en los labios.

Siempre tiene disculpas del tipo: me he encontrado con una vecina que hacía tiempo que no veía y a la que no podía quitarle la palabra de la boca.

Había una pesada delante mío en el Banco con unas gestiones interminables.

He  estado esperando a que se terminara la lavadora para dejar lo ropa colgada.

Calcule mal el tiempo para prepararme y se me echó el tiempo encima. Me llamaron por  teléfono  y me condicionaron la mañana. El trafico era infernal.

La frase top, “se me fue el santo al cielo” tiene una importancia vital en su lista de excusas.

En las comidas, o en las quedadas en general siempre la citamos a una hora diferente al resto del grupo porque sino todavía estaríamos esperándola en aquel puente romano desde el que partíamos para ver las ruinas de Pompeya en unas vacaciones.

No es fácil convivir con una persona que tiene el reloj como una objeto de decoro y  que cuenta las horas como si fueran minutos, sin pararse a pensar que el tiempo de los demás  es tan valioso como el suyo.

Me atrevo a decir basándome en alguna persona con impuntualidad mas que conozco y no hablo de los cinco minutos de cortesía con el que solemos llegar tarde,  que suelen ser personas desorganizadas, con una forma de ver el tiempo muy subjetiva. Donde hay  cinco minutos ellos ven diez.

Ana, mi amiga, no tiene cura. Solo nos queda nuestra baza personal de jugar con las horas para minimizar los tiempos de espera en nuestro favor.

A  mi no se me ocurre otra cosa, y a vosotras?

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