Agosto en familia…

Escrito por Àsun Moreno Fidalgo

Ya hemos terminado el mes de julio y con él parte de la jornada estival para algunos y su comienzo para otros.

El sol, la lectura, caminar,  reunirse para charlar alrededor de una mesa, conducir sin rumbo son muchos de los verbos que se practican durante el verano.

El objetivo de la temporada de descanso debería ser cargar pilas para caminar hacia una nueva etapa.

Vaciar la cabeza de preocupaciones y llenarla de actividades que nos agradaría hacer, debería ser uno de los propósitos a realizar durante la etapa de vacaciones.

Pero en numerosas ocasiones nuestra jornada de descanso suele ser un suma y sigue de nuestra actividad rutinaria. Allí donde vamos nos llevamos los problemas, las preocupaciones y nuestros rompimientos de cabeza.

Y no solo me refiero a los relacionado con los laborables sino también con los familiares.

Durante los días libres muchas familias veranean juntas para verse  y convivir.

Los pueblos de la península se llenan dejando las ciudades vacías. Abuelos que vuelven a su lugar de origen en compañía de los hijos y ahora de los nietos.

Padres de hijos Babú que tuvieron que salir de sus pueblos para labrarse un futuro más próspero, vuelven a sus raíces con la idea de unos días de convivencia en familia no siendo siempre un buen plan.

Los veranos de adolescente en aquellos rincones durante los cuales todo estaba permitido ya no es como lo recuerdas. Los Babús nos hemos hecho mayores y ya no son las vacaciones con tus padres y tus hermanos solos sino que ahora han pasado a ser con tu cuñada, tu cuñado, sus hijos…

Y no olvidemos que cada uno son de su padre y de su madre como suele decirse.

La familia ha crecido pero la casa sigue siendo la misma y buscas cada noche a quien nominar para hacer de aquel espacio un lugar más habitable.

La intimidad en los rituales diarios es algo que se hace difícil. Las comidas, las cenas son en ocasiones puntos de desencuentro donde cada uno se sitúa con sus modales y sus formas que en ocasiones son de difícil digestión.

Para mi el verano no es esto.

Esto es un infierno. Vivir del recuerdo añorando épocas pasadas no lo veo una buena forma de cargas pilas y desconectar.

Y no lo digo yo que mi opinión podía estar bastante adulterada por mi mal recuerdo de esas vacaciones de verano que tuve que pasar de manera obligatoria durante toda la adolescencia. Sino que lo escucho en boca de personas que por circunstancias se ven acorraladas e incapaces de decir que no a este tipo de descanso hoy en día.

Sobretodo en el caso de nuestras madres que lo único que hacen es cambiar de pucheros y de escoba porque los quehaceres son los mismos e incluso más potentes porque el número de personas para las que cocinan se han multiplicado pero las fuerzas ya no son las mismas.

No, no quiero ese verano para mi.

Al que le valga que lo practique pero cuando regresen y me muestren sus incomodidades al preguntar por sus vacaciones les diré que se acuerden para el año que viene y tomen una decisión más acertada y que les haga más felices.

No creo que eso suceda  porque para octubre ya se les ha olvidado lo vivido y en abril vuelven a estar planeando la siguiente edición de supervivientes.

En todo esto, perdonad hay algo que se me escapa y de lo único que estoy segura es que esas vacaciones no me valen por mucho botín que esté en juego.

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